Somos Andrés y Valeska

Hola!

Gracias por abrir esta pestaña y querer saber algo de nosotros.

Mi nombre es Andrés Lagos y tengo 35 años. Soy docente de historia por profesión y un apasionado por el movimiento consciente, el viaje. Y esto desde que tengo memoria. No recuerdo bien si fue cuando tenía 6 o 7 años, mi viejo llegó con un mapamundi que rápidamente se convirtió en mi fascinación. Podía reconocer fácilmente las fronteras de América y logré memorizar todas y cada una de las banderas de los países existentes hacia 1990. De alguna manera, esa fascinación albergaba el deseo profundo de sentir y ver con mis propios ojos cada uno de esos lugares. Como corolario natural de dicho encanto, terminé estudiando Historia y saliendo prácticamente todos los veranos a distintas partes de Chile y América. Con muy poco en el bolsillo, pero con mucho en el corazón.

Quien me acompaña en estas andadas es Valeska Canto, mi esposa, amiga y compañera de vida. Misma edad – nos llevamos por un mes -, misma profesión y misma pasión. Desde siempre, tuvo la insoslayable sensación del bicho raro – cosa compartida por prácticamente la totalidad de quienes pretenden acometer semejantes locuras  empresas- al negarse a seguir el estilo de vida tradicional que aun gravita fuertemente por estas latitudes. (Primera gran compra: auto. Segunda gran compra: casa. Tercera cosa importante: marido. Cuarta cosa importante: hijos.)

Sin embargo, que esto no se mal interprete. Pese a que tenemos harto del típico “millenial” – mucho, diría yo – lo que realmente sentimos como importante para nuestras vidas es la simpleza y la autonomía interior. En sí mismas, las cosas anteriormente mencionadas constituyen buenos y bellos aspectos de la vida, pero el ubicarlos al comienzo de la fila no es algo que queramos hacer. Así como Thoreau, ese gran “millenial” del siglo XIX, quien se fue a los bosques porque “quería vivir deliberadamente y enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida”, buscamos hacer de nuestra vida algo maravilloso. En fin, tras años de salir únicamente con su familia por la necesidad de compañía y por una buena dosis de temores a lo desconocido, decidió comenzar a viajar de una manera menos organizada y dejarse llevar por la pasión. La Vale es, ante todo, la alegría y la imprescindible cuota de juicio.

Un buen día primaveral de 2010, la Vale recibió una propuesta-invitación a través de una conversación de Facebook. ¿Vamos a Brasil? ¿Recorramos el Cono Sur? Tenemos dos meses. En ese tiempo – y pese a que nos conocíamos desde la universidad – solo chateábamos de vez en cuando como conocidos con mucha gente en común. ¿La razón de la propuesta? Era una de las pocas personas que me podía acompañar. Profe con trabajo estable, con dos meses de vacaciones pagadas, sin responsabilidades ni compromisos. Y como se pensó, se hizo. Estuvimos todo el verano de 2011 recorriendo Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia en el viaje más increíble hecho hasta ahora. Ahí nacieron dos cosas. Primero, la adicción por cruzar fronteras y segundo… Bueno. Podríamos decir que la buena onda se convirtió en atracción, la atracción en cariño, el cariño en pololeo, el pololeo en noviazgo y el noviazgo en matrimonio. En un margen de 4 años. Juntos recorrimos gran parte de nuestro país y un interesante porcentaje de territorio de los países vecinos. Pero siempre regresando. A esa cosa llamada realidad.

En 2013 tomamos la decisión de hacer un largo viaje, donde fuera, sin fechas ni nada que nos atara. Siete años después, seguimos viajando y no tenemos fecha de retorno.