A dedo por Marruecos: Conociendo la hospitalidad magrebí

Subido: Abril 2020

  • A dedo por Marruecos

Marruecos fue el primer país no hispano hablante en donde hicimos dedo. Sin poder comunicarnos en francés y menos en árabe, había más miedo que otra cosa al momento de enfrentar esa experiencia. Sin embargo, la primera vez que nos acercamos a la calle, se detuvieron dos autos. Y con menos de treinta segundos de espera. Esto, evidentemente, se convirtió en un presagio.

Todos y cada uno de los viajes que hicimos dentro de Marruecos fueron a dedo. Fuimos transportados gratuitamente por 51 vehículos, siendo sus conductores en su abrumadora mayoría hombres (50 hombres y solo una mujer). Cinco de ellos nos ofrecieron pasar la noche en sus casas, mostrándonos lo profundo de su vida cotidiana de una manera amistosa y espontánea.

Estadísticas

  • 51 vehículos (47 autos  y 4 camiones)
  • 6 veces esperamos menos de 1 minuto.
  • 3 veces esperamos más de 1 hora (El tiempo máximo de espera fueron 2h 45 minutos en la ruta que une Ouarzazate con Errachidia).
  • 1 vez pararon cuando nos sacábamos la mochila
  • 19 min. fue nuestro tiempo de espera promedio.

Es legal el autostop?

El autostop es absolutamente legal en Marruecos. De hecho, miembros de las Fuerzas Armadas y policías formaron parte del grupo de conductores que nos levantó.

Se puede acampar libre?

Honestamente, la única prohibición que conozco es el acampe libre en las playas. Por experiencia, es perfectamente posible hacerlo pidiendo permiso a quien corresponda. Nosotros acampamos al lado de un puesto militar y en una estación de servicio.

Sin embargo, si andas por ahí y no encuentras a nadie que te ayude, escóndete en algún sitio alejado de la vista de los curiosos y de la ley.

Acampando libre en Achakar, Tanger

Acampando libre en Achakar, Tanger

Funciona Couchsurfing?

Nuestra experiencia con Couchsurfing fue muy relativa. Si bien nos resultó en seis ciudades, el proceso fue un tanto difícil. Hubo varias personas que nos aceptaron, pero al cabo de unos días declinaron la solicitud sin mediar razón alguna. Existe también una buena cantidad de guías turísticos que aceptan viajeros, pero cuando se dan cuenta que no tienes pensado contratar sus servicios, desaparecen. Esto nos pasó un par de veces.

En casa de Anwar, Meknes

En casa de Anwar, Meknes

Sin embargo, algo que nos funcionó bastante bien fue pedir alojamiento en los grupos de viajeros en Facebook. Simplemente, contamos nuestra historia y solicitamos hospedaje en los lugares que queríamos visitar. Gracias a ello, tenemos amigos hasta el día de hoy.

Con Isidora y Mokrane, Marrakech

Con Isidora y Mokrane, Marrakech

Qué tal la policía?

En general, la policía marroquí está abundantemente desplegada en las carreteras, pero no suelen hacer problemas a los mochileros. Tienden a ser amables y protectores con los turistas y difícilmente pedirán sobornos.

El único problema al momento de hacer dedo es que pueden pensar que el conductor que te está llevando recibió un pago por el viaje, lo que está penado por la ley. Por eso, si te ocurre la situación debes intentar demostrar que eres un mochilero pobre que solo está recorriendo el país a dedo XD.

A dedo por Marruecos

Dicen que la primera vez nunca se olvida XD. Sin hablar una pizca de francés o de árabe, hicimos dedo desde los suburbios de Tánger hasta Achakar, la playa en donde se encuentra la Gruta de Hércules. Nos paramos a un costado de la calle, levantamos el pulgar y se hizo el milagro: sin esperar más de 10 segundos, dos autos se detuvieron delante de nosotros.

El que se detuvo más cerca fue un ostentoso auto negro cuyo conductor solo hablaba árabe. Con monosílabos, preguntamos: ¿Achakar? Y el contestó afirmativamente con su pulgar arriba. Sin tener mucho de qué hablar – por razones obvias – llegamos sanos y salvos a nuestro destino. El bautizo del autostop marroquí había terminado.

Como se nos hizo tarde, decidimos acampar en la playa. Teníamos la impresión de que podía estar prohibido, por lo cual preguntamos en un puesto militar que estaba ubicado a unos pocos metros del inicio del acantilado que daba a la playa. Mediante gestos y Google Translate – que es más útil de lo que se piensa – el uniformado nos indicó que no era posible acampar en la playa pero que podíamos hacerlo al lado del puesto. Aquí, el terreno era mucho más disparejo que en la playa y el viento inmisericorde iba a complicar mucho las cosas. Pero decidimos hacerle caso.

Al otro día, el militar nos ofreció té y tajine, una de las comidas típicas de Marruecos. Este fue el primero de muchos que probaríamos en el país.

Desde Tanger, pasamos por Asilah y Larache rumbo a Rabat. Un chef que había vivido en Perú, un profesor de árabe y un camionero nos llevaron hasta la capital. Allí, precisamente en el balneario de Temara, terminamos en un austero camping en donde el dueño nos compartió la tradición del cuscús del día viernes. Para los musulmanes, el viernes es el día más importante, en donde la familia se reúne para compartir y orar.

La única mujer

Los casi 90 km que separan Rabat y Casablanca fueron felicidad pura. Tras diez minutos esperando nos levantó Taha, un joven con quien pudimos conversar largamente sobre los problemas que enfrentan quienes desean viajar o hacer su vida en el extranjero. Que, de manera desesperada, muchos jóvenes intentan cruzar a Europa por el precio que sea y hacer su vida allí. Que el valor de su pasaporte es inversamente proporcional a las ganas que tienen de volar.

Luego de compartir unos bocadillos, Taha sacó una bolsa con provisiones que había comprado para nosotros. Nos despedimos esperando volver a vernos algún día.

Nuestra camino a Casablanca

Nuestra camino a Casablanca

Más tarde en la misma ruta, se detuvo el auto de la primera y única mujer que nos llevó por el país. Bouchra era una trabajadora social que se mostró encantada de conocer gente de América del Sur. Ella dijo que su destino era Mohammedia, distante a solo 30 km de Casablanca. Nos preguntó si teníamos donde dormir esa noche. Le contestamos que sí, que de hecho nos estaban esperando.

– ¿Se enojará vuestro amigo si le dicen que llegarán mañana? ¿Les gustaría conocer mi casa? – preguntó.

Y se imaginarán cual fue nuestra respuesta.

Nos llevó a un amplio departamento finamente decorado. Era la primera vez que entrábamos en una vivienda marroquí, por lo cual estábamos sorprendidos. La función de cada uno de los espacios y sus formas nos gustó muchísimo. Para poder amenizar un poco más la cena, Bouchra invitó a su hermano, que hablaba un perfecto español. Al día siguiente, nos fue a dejar a la carretera y nos dejó invitados para una próxima vez.

A dedo por Marruecos

A dedo por Marruecos

Los treinta kilómetros restantes los recorrimos gracias a un hombre que nos dio su teléfono para que lo llamáramos si necesitábamos algo.

Autostop y Ramadán

El Ramadán nos sorprendió en Marruecos. A diferencia de lo que mucha gente cree, en época de Ramadán el país cambia muy poco para los extranjeros. Los restaurantes y locales de comida permanecen abiertos, el transporte y el comercio funcionan normalmente. Solo cuando llega el momento del rompimiento del ayuno todo se detiene, pero vuelve a la normalidad en un par de horas. Y gracias a dos personas que nos recogieron en la ruta, pudimos conocer el Ramadán de una manera muy íntima.

Estábamos al sur de Safi, haciendo dedo hacia Essaouria. Era ya tarde y deberíamos haber tenido mucha suerte como para que nos levantaran y nos llevaran directo hasta allá. Mientras esperábamos, se acercó un joven en bicicleta a tratar de explicarnos que no estábamos en un barrio muy tranquilo y que debíamos intentar salir de allí. Cuando le dijimos que estábamos haciendo autostop y que no nos daba miedo acampar por cualquier lado, nos dijo:

– “Miren, voy a mi casa a preguntarle a mi compañero de cuarto si puede recibirlos para que pasen esta noche con nosotros. Puede que me demore un poco, pero volveré”.

En el intertanto, apareció otro joven que nos dijo exactamente lo que nos había dicho el primero. Le explicamos que estábamos esperando a otra persona que eventualmente nos llevaría a su casa a pasar la noche. El joven, sin embargo, no quedó conforme con la respuesta y decidió esperar al otro para ver si aparecía, de lo contrario, él nos llevaría consigo.

Cuando el primer joven apareció, empezaron a ponerse de acuerdo mientras un señor miraba todo lo que estaba pasando y hacía intervenciones de vez en cuando. Estoy seguro que a esa altura todo el barrio sabía de nuestra presencia.

Finalmente, ellos decidieron que nos iríamos con Chequib, el segundo joven. Nos alojó en un enorme salón de eventos en donde compartimos la cena de Ramadán y en donde pudimos vislumbrar parte de la belleza que ellos admiran de su religión.

La segunda experiencia con el Ramadán la vivimos camino a Imlil, en las primeras estribaciones de la cordillera del Atlas. Mohammed, de origen bereber, nos levantó a la salida de Marrakech y de inmediato nos invitó a compartir el Ramadán con él y su familia. Ellos vivían en una comunidad que habían fundado sus ancestros hace un par de siglos y que estaba ubicada a varios kilómetros de cualquier poblado. Las casas de barro contrastaban con el verde de las colinas y con el negro que exhibía el Atlas al llegar el ocaso.

Compartiendo la cena de Ramadán

Compartiendo la cena de Ramadán

Ningún cumpleaños al que fui tenía tanta comida como la mesa de Mohammed. Llegada la hora indicada, devoramos solo una parte de lo que ahí había. Lo chistoso fue que solo un par de horas después, su esposa comenzó a preparar más comida. Rara vez decimos que no cuando se trata de comida, pero esta vez no nos cabía ni un alfiler.

La hospitalidad del desierto

La desafiante ruta de montaña que conecta Marrakech con Ouarzazate la recorrimos gracias a un jefe de policía que le gustaba tomar vodka naranja cuando conducía. Al ser detenido en un control carretero, bastó solo un ademán y un par de palabras para poder seguir tranquilo. Incluso me dijo que no era necesario que me pusiera el cinturón de seguridad.

Una de las peores jornadas de autostop la vivimos entre Ouarzazate y Tinerhir. Tras un buen comienzo, nos atragantamos con una espera de casi tres horas en un bucólico pueblo que contaba solo con un par de calles. Bajo el calor infernal de junio, logramos resistir hasta que un hombre nos sacó de allí y nos dejó en Kalaat M’Goona, en donde pudimos comprar agua y un poco más de provisiones. Ya con la idea de avanzar solo esos pocos kilómetros y comenzando ya a hacerse tarde, apareció Said, nuestro salvador.

Espera interminable en el desierto

Espera interminable en el desierto

Said nos llevó a su casa, nos presentó a su padre y nos agasajó con una muy buena charla y con una cantidad impresionante de comida, entre las cuales había una montaña de cuscús.

Gracias a Said, la peor jornada terminó siendo una de las mejores.

En nuestro camino al desierto, decidimos pasar por la Garganta de Todra, uno de los principales atractivos turísticos de la región. Para salir de allí, pedimos un aventón y dos jóvenes nos levantaron inmediatamente. Cuando les contamos que íbamos a Merzouga -distante a 200 kilómetros – ofrecieron llevarnos, pero bajo la condición de contribuir con el combustible. Como no estábamos apurados, declinamos gentilmente el ofrecimiento. Nos dejaron en Tinherit y nos despedimos amistosamente.

Luego de comprar algunas provisiones para el camino, comenzamos a andar hacia la salida del pueblo con el fin de continuar el viaje. Levantamos el pulgar y adivinen quienes aparecieron. Eran los mismos muchachos. Nunca supimos si solo andaban dando vueltas, pero al detenerse, nos dijeron que nos llevarían a Merzouga gratis, sin ningún tipo de cobro. Aunque nos negamos, insistieron varias veces.

A dedo por Marruecos

A dedo por Marruecos

Cuando íbamos a medio camino, la policía nos detuvo. Chequearon los documentos del auto y preguntaron por nosotros, que quiénes éramos. Cuando el policía supo nuestra nacionalidad, comenzó a hablar en un bastante aceptable español. Sin embargo, la simpatía no duró mucho. Por darnos aquel aventón, nuestros amigos fueron multados con alrededor de 200 DH (20 €). Los policías no les creyeron que nosotros no les habíamos pagado por la carrera, incluso cuando yo mismo les fui a decir que estaban equivocados. Al final, esta carrera no nos salió gratis.

Así, nos dimos cuenta que en Marruecos se penaliza el transporte de pasajeros en autos particulares, práctica que es utilizada por policías que desean obtener sobornos.

Regresando al Norte

Tras visitar las imponentes dunas de Hassilabied y Merzouga, continuamos nuestro periplo ahora de regreso hacia el norte. Hasta Meknés, nuestro siguiente destino, nos separaban más de 400 kilómetros. Aunque era muy improbable llegar ese mismo día nos lanzamos a la carretera con toda la fe del mundo. Esperamos el primer auto por 5 minutos y en menos de una hora llegamos a Er Rachidia. Unos minutos más tarde, y mientras nos sacábamos la mochila para continuar, un auto blanco se detuvo en seco. Su destino: Fez. Este es el tipo de milagros que nos encanta compartir. Y desde Ifrán a Meknés fue un trámite muy corto.

Tras contemplar los restos de la otrora ciudad imperial, seguimos hacia la vecina Fez. Y como salimos demasiado tarde, decidimos quedarnos a dormir a unos 15 km de la ciudad en una cómoda estación de servicio. Acampamos ahí mismo, en el pasto, resguardados y protegidos por los empleados. Y al otro día, tranquilos y felices, llegamos a Fez.

Como aquella bendita costumbre de salir tarde a hacer dedo nos persiguió hasta hace bastante poco, recaímos y volvimos a depender de la luz solar para continuar movilizándonos. Ya casi oscureciendo, estábamos en una de las salidas de Fez pidiendo un aventón hacia Chefchaouen. No pasaron más de 10 minutos cuando un Audi negro – probablemente del año – se detuvo. El conductor nos dijo que su destino estaba a unos cuantos kilómetros más allá, pero que si nos servía nos podía llevar. Obviamente, dijimos que sí. Cuando supo que íbamos a la ciudad azul, ofreció llevarnos a su casa, pasar la noche allí y llevarnos al otro día al mismo punto para continuar el viaje.

Disfrutando la hospitalidad magrebí

Disfrutando la hospitalidad magrebí

A lo largo de este periplo por tierras marroquíes, vimos como la gente nos ayudó, nos cuidó, nos alimentó y nos protegió. Es interesante notar como la curiosidad se transforma en empatía, y la empatía se transforma en ayuda. Ese proceso lo vivimos fecundamente en el país más occidental del Magreb.

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Hola! Somos Valeska y Andrés. En 2018 decidimos dejar nuestros trabajos en Chile para experimentar la vida de una forma diferente: viajar con bajo presupuesto. Ambos somos profesores de historia y amantes del trekking, pasiones que intentamos reflejar en la elección de nuestros destinos.